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Facebook es una herramienta que cada vez se vuelve más popular, en la actualidad cuenta con 200 millones de usuarios aproximadamente. Los objetivos originales del sitio son dos, el primero es crear redes sociales entre individuos asiduos al Internet, y el segundo, ayudar a la gente a localizar personas con quienes, por alguna razón, se ha perdido el contacto. Conforme el sitio fue creciendo (de manera exponencial y vertiginosa) las críticas y la polémica comenzaron. Muchos dicen que gracias a este tipo de herramientas se van perdiendo, de manera gradual, las relaciones de persona a persona, otros aseguran que Facebook limita o trunca el desarrollo de habilidades sociales en los jóvenes y adolescentes. Incluso se ha dicho que hace más fuertes y tangibles las diferencias de clases y que exalta el elitismo. También se ha asegurado que promueve, al menos en México, prácticas delictivas como el secuestro y la extorsión, y que ayuda a los criminales a tener acceso directo a datos privados de sus víctimas. Pero la verdad es que si miramos con objetividad la experiencia de la mayoría de los usuarios, podemos darnos cuenta que esas dos premisas originales siguen siendo la principal fuente del éxito de Facebook, y que lo demás son especulaciones aún no confirmadas del todo. Mediante tres casos reales, pretendo exponer cómo la herramienta ha servido, en mi caso y en el de mis amigos, para crear vínculos sociales, fortalecer los ya existentes, así como para localizar a personas con las que se desea volver a establecer una relación.
Una amiga cercana, llamada Liliana, decidió dejar el cigarro. Llevaba trece años fumando. Había tenido semanas antes una complicación debido a una úlcera. El humo del tabaco fue uno de los factores que contribuyó, en gran medida, a que su malestar se incrementara. Lo intentó varias veces, pero siempre recaía. El médico seguía insistiendo en que era prioritario terminar con su hábito. El novio de Liliana nos envió un mensaje, a través del Facebook, a muchos de sus amigos. El tema central del correo era hacernos una excelente propuesta. Se nos pedía que durante un mes, todos pusiéramos en el espacio de lo que estábamos haciendo una misma frase: “Deseo que Liliana pueda dejar de fumar”. Así lo hicimos. Durante todo febrero, más de treinta amigos pusimos diario el mensaje. Ello motivó mucho a Liliana, quien finalmente pudo dejar de fumar. Tiempo después ella misma me dijo que fue muy emotivo y divertido leer aquellos mensajes en el encabezado de la mayoría de sus amistades, a los que agradeció, uno por uno, el amoroso detalle.
David, uno de mis compañeros de trabajo, me invitó por Facebook a una de las tocadas de su grupo de rock independiente. Le confirmé mi asistencia y acudí al evento. La verdad es que me gustó mucho su propuesta y me pareció que tenían canciones de enorme calidad. En la plática posterior a la presentación, me comentó la forma en que se habían reunido los integrantes de su banda. Resultó que todos ellos estudiaron en la misma primaria. Buscando a los amigos de su infancia, David descubrió que tres de ellos se habían dedicado a la música. Decidió contactarlos. Luego de varias reuniones decidieron formar el grupo. David afirma que fue una gran emoción darse cuenta de que sus amigos de antaño se habían dedicado a lo mismo que él. Ahora gracias al Facebook son parte de un proyecto musical bastante prometedor. Por cierto, la banda se llama “No corro, No grito y No empujo”, en honor a unos carteles colocados sobre las paredes de la primaria en la que estudiaron.
Hace poco noté que Esteban, un amigo que conozco desde hace poco tiempo, escribió en su perfil de Facebook el siguiente mensaje: “Estoy preocupado porque hoy no encontré en ninguna farmacia mi Remerón”. El texto me preocupó, no tenía idea de que Esteban estuviera enfermo y tampoco tenía claro para qué servía aquel medicamento. Busqué la palabra Remerón en Google y descubrí que era una medicina que contenía una sustancia llamada Mirtazapina. La sustancia activa del medicamento sirve para incrementar la cantidad de ciertos neurotransmisores en el cerebro. La baja cantidad de estos neurotransmisores produce insomnio, ansiedad, pérdida de peso, tristeza profunda y muchos otros síntomas. Para explicarlo en pocas palabras, el Remerón es un poderoso antidepresivo. Yo no sabía que Esteban padecía de depresión. Por la noche, cuando fui al súper mercado se me ocurrió preguntar en la farmacia si tenían el medicamento. Sí estaba en existencia. Le marqué a Esteban y le pregunté si ya lo había conseguido, me dijo que no. Compré la presentación que me indicó y se la llevé a su casa. Pedimos una pizza y platicamos un buen rato sobre su padecimiento. Nuestra amistad se hizo más profunda después del episodio. Él todavía me agradece constantemente el favor. De no ser por el Facebook tal vez yo nunca me habría enterado del estado de salud de mi amigo.
Espero que los ejemplos anteriores sirvan para mostrar que Facebook sí ha conseguido concretar dos de sus premisas básicas tan importantes. Yo pienso que sería justo analizar si los problemas generados por Facebook vienen a partir de la herramienta misma, o si son consecuencia del uso indebido, descuidado o negativo que algunos usuarios hacen de ella. En ese sentido pienso que somos el público quienes debemos aprender a tener mesura, cautela y discernimiento a la hora de usar las aplicaciones de Internet. Por lo pronto, yo puedo asegurar que he obtenido de Facebook muy buenos momentos, muchas gratas experiencias y resultados, en general, bastante divertidos y agradables.
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