El Instituto Electoral del Distrito Federal cuenta con un programa llamado LUCI (Ludoteca Cívica Infantil). El principal objetivo de este proyecto consiste en realizar visitas a escuelas primarias para enseñar a los niños, por medio de juegos, los valores de la democracia.
La LUCI utiliza varias herramientas, actividades y dinámicas no sólo divertidas, sino también formativas. Una de ellas es la representación teatral de cuentos especialmente escritos para promover valores humanos fundamentales como: la legalidad, la confianza, la responsabilidad, la identidad, etc.
El IEDF deseaba trasladar su colección de cuentos al sitio en Internet de la LUCI, y la mejor forma de hacerlo era por medio de caricaturas o dibujos animados. Después de un largo concurso de selección, Aeris fue la empresa elegida para llevar acabo el paso de las letras a la animación.
La primera labor de Aeris era adaptar los cuentos para hacerlos más atractivos visualmente y agregarles elementos e imágenes de sorpresa y humor. La adaptación tenía que hacerse con mucho respeto y debía mantener intacto el mensaje didáctico de la narración y conservar el tono y la estructura del texto original, así como la psicología de los personajes. Por ello nuestro equipo de escritores decidió conservar casi idéntico el texto original y sólo agregar escenas o secuencias de escenas totalmente nuevas.
A continuación presentamos el ejemplo de una adaptación (el texto en cursivas es el original y la parte en negritas es la aportación de Aeris):
Ese era un día muy especial para Joaquín, pues se celebraba el torneo de futbol de su escuela y, como él era el delantero de su equipo, ya pensaba en los golazos que anotaría. Después de seis partidos, jugaban la final contra el equipo de sexto “A”, pues cada uno había logrado cuatro victorias. Mientras se preparaban para saber quién sería el campeón, el capitán del equipo de sexto, sin que nadie se diera cuenta, se acercó al árbitro y le dio un billete de doscientos pesos, luego le guiñó un ojo y se fue silbando.
Comenzó el partido y estaba súper emocionante, pero por más que intentaban Joaquín y sus compañeros anotar, no lo conseguían, pues el árbitro se encargaba de evitarlo.
—¡Árbitro vendido!, ¡eso no es legal! –le gritaban desde las tribunas, pero a él ni le importaba.
Llegó el medio tiempo y el entrenador de Joaquín fue a ver al corrupto silbante y le dio dos billetes de doscientos pesos, así que al iniciarse el segundo tiempo, las cosas comenzaron a equilibrarse. Curiosamente seguían cero a cero, cuando al equipo de Joaquín le marcaron un penalti a favor.
Joaquín puso el balón en la marca, caminó unos pasos, se quitó su playera de la selección y la aventó al piso cuidando que el escudo quedara mirando al cielo. Trató de no pensar en ningún jugador de la historia del futbol que alguna vez hubiera fallado un penalti. Mencionó tres veces el número de su jugador favorito: Nueve, nueve nueve. Después lo multiplicó por el mismo número y sumó los dígitos del resultado: Nueve por nueve, ochenta y uno, ocho más uno, nueve. El árbitro besó sus billetes. Joaquín levantó una ceja, luego la otra, luego las dos juntas. Tragó saliva despacio. Un ladrido se escuchó a lo lejos, después, un carrito de camotes. Joaquín conocía muy bien esa máxima futbolera que dice que si escuchas a un perro y a un camotero justo antes de tirar un penal, nunca podrás fallarlo. Joaquín se rascó la barriga en el sentido de las manecillas del reloj. Le sonrío y le mandó un beso a Nayeli, la niña que le gusta, que estaba sentada a nivel de la cancha. Miró a la izquierda, miró a la derecha, le sacó la lengua al portero y disparó. ¡Goooooooool!
El capitán de sexto le pasó tres billetes al árbitro y el gol fue anulado. Al término del encuentro nadie pudo encontrar al mal árbitro, el suplente tuvo que dar el silbatazo final y echarse a correr para evitar la lluvia de jitomatazos.
La segunda parte del trabajo fue crear las ilustraciones para los dibujos animados. Los diseñadores e ilustradores de Aeris, basados en formas estéticas de vanguardia, realizaron varios bocetos y pruebas hasta encontrar las ilustraciones que el cliente prefería. Queríamos que los niños pudieran identificarse con los personajes, que llegaran a sentir empatía con los protagonistas y rechazo hacia los antagonistas. El estilo de las ilustraciones debía de ser, entonces, pulcro, atractivo, moderno, vistoso, original y de gran calidad. Por eso no paramos hasta dar con la excelencia que nuestra empresa buscaba.
A continuación presentamos dos ejemplos de ilustraciones utilizadas en el producto final (la primera ilustración es la de Joaquín y la segunda la del Árbitro corrupto):

La última parte del proyecto fue la animación de las ilustraciones. El equipo de Aeris realizó en total diez cortometrajes animados en Flash. Todas las animaciones son dinámicas, muy sencillas y divertidas. Pensamos hacerlas de este modo para que los niños se interesaran en verlas varias veces, además de que fueran ellos mismos quienes recomendaran a otros niños el sitio. En cada pieza se logró un buen equilibrio entre lo lúdico y lo didáctico.
Nuestra intención es siempre estar a la altura de los productos de mayor calidad que se crean en el mundo, y con ese objetivo en mente, enriquecimos los cuentos con ideas innovadoras, originales y creativas para tener guiones, ilustraciones y cortos que pudieran competir con las animaciones del Internet o de la televisión a las cuales tienen acceso los niños hoy en día.
Es necesario destacar que todo el trabajo se hizo de acuerdo a las necesidades y expectativas del cliente y que en todo momento el IEDF tuvo poder de decisión sobre las distintas etapas de la creación del producto. Pero ahora queremos que sea el trabajo el que hable por sí mismo, entra a esta liga para ver todas las animaciones creadas por Aeris: